viernes, 14 de junio de 2024

Sumar. El monstruo de Frankenstein de la izquierda española


El ascenso y caída de Yolanda Díaz es tan solo un síntoma más del exagerado desgaste de cualquier proyecto político de la izquierda indefinida española. La carrera como líder de Sumar ha seguido el mismo recorrido que la de Pablo Iglesias, pero con la aceleración vertiginosa propia de los tiempos en los que vivimos y que, por otro lado, demuestra la absoluta fragilidad de su liderazgo. 


Su dimisión ha retratado dos cuestiones dignas de análisis sobre Sumar, una con respecto a su pasado y presente inmediato y más obvia; y otra sobre sus aliados y futuro.


La primera de estas reflexiones se hace en base a la directiva resultante. Más allá de los nombres, perfiles y trayectorias políticas y laborales de cada una de estas personas; vayamos a la cuestión orgánica, que es mucho más ilustrativa de la intención de este proyecto político ya exhausto. La directiva la componen una secretaría de Organización, que no requiere más comentario puesto que es una necesidad de cualquier agrupación humana de cierto número de personas para su efectivo funcionamiento y reproducción (registro de militancia, órganos de dirección, elección de los mismos, mantenimiento de vasos comunicantes entre todos los estratos, etc…); una responsable de comunicación y dos personas que se dedican exclusivamente con la cuestión institucional (un enlace con el Congreso y grupo Parlamentario y otro con el Gobierno y los ministerios de Sumar). 


Sumar tenía todos los visos para convertirse únicamente en un proyecto electoralista e institucional, aunque hubiera gente que participara con la ilusión de que fuera un espacio común e integrador de la izquierda indefinida española a la izquierda del PSOE; pero esta directiva, esta realidad orgánica, no deja lugar a dudas de lo primero. Hablamos de una organización en la que la dirección política ni está ni se la espera, ni tampoco ningún enlace con la calle (sindicatos, colectivos sociales, etc…); en la que no hay una sola persona que ponga sobre la mesa algo que no sea lo institucional o lo mediático (que, discúlpenme, vienen a ser lo mismo). 


Esto por supuesto no es una característica en exclusiva de Sumar, sino que debemos recordar como Podemos inició esta deriva institucional a rebufo de la ebullición social y política que hubo a partir del 15M. Podemos tomó el capital político de ese ciclo de luchas (inconexas, parciales y hasta contradictorias muchas veces; pero luchas organizadas desde abajo por lo menos) y lo redirigió a una lucha dentro de los pasillos del Congreso, lo convirtió en una “máquina electoral” con el pretexto de “asaltar los cielos”. Desde entonces, los giros y reveses tácticos y centristas de la formación no hicieron más que aumentar hasta el desgaste y la situación actual que le conocemos: los Círculos, aquella base social a camino entre militantes y activistas, están absolutamente desaparecidos; merced de haberse convertido en mano de obra de su dirección para poner propaganda electoral en vez de órganos de decisión política, acción e implementación territorial. 


Sumar es tan solo la versión aún más radical y desnuda de todo lo escrito anteriormente: es la más absoluta sublimación de lo político, perdiendo toda sustancia material y quedando todo “en el aire” (la mejor frase en prime time, el mejor tuit, la foto óptima). 


Pasando ya a la segunda parte, hemos podido ver ya movimientos de las formaciones que componían la coalición para dirimir el futuro de la misma: Compromís ha motivado el fracaso de las elecciones europeas a “plantear la coalición desde dentro de la M-30”, mientras que IU y Más Madrid han solicitado que Sumar sea “una fuerza más” en vez del paraguas bajo el que entraban todos los demás. 


Hay dos aspectos fundamentales que extraer de estas declaraciones y movimientos. El primero es preguntarse con total rotundidad que a qué fuerza política se refieren cuando se refieren a Sumar. Pudiera parecer que, debido a la fugacidad de los tiempos políticos actuales, a algunas personas se les haya olvidado que Sumar tiene poco o nada que ver con una organización política real, como planteamos en la primera parte de este texto: su reciente nacimiento es debido a una constitución entre direcciones y no tiene implementación territorial alguna. Sumar nace como la plataforma desde la que las fuerzas de la izquierda indefinida subalternas por aquél entonces a Podemos (bien por su debilidad intrínseca o por su ámbito autonómico) usan el capital político de Yolanda Díaz para primero cambiar la correlación de fuerzas con la formación morada y torcerle el brazo y, luego, terminar de expulsar a los de Belarra de la izquierda parasitaria del PSOE y los organismos (e ingresos) del Estado. En definitiva, Sumar no es nada salvo un monstruo hecho a retales, un monstruo de Frankenstein; Sumar parte de lo que las direcciones de estos partidos quisieron y quieren que sea.


¿Y por qué este interés en que ahora sea una “fuerza política” separada y con igualdad de voz y voto en vez de una plataforma que los aglutina a todos? Pues daría para otra disertación, mucha investigación interna y demasiadas teorías intentar averiguar y verificar los planes de cada una de estas organizaciones; pero algo es evidente: habiéndose librado del liderazgo incontestable de la todavía Ministra de Trabajo, todos quieren su trozo del pastel e imponerse sobre los demás. Lo que presenciaremos será una pugna entre Compromís, Más Madrid, IU e independientes que ahora ocupan cargos de dirección y en la administración por el control más o menos directo de la formación rosa (cada uno según su margen de maniobra); rebajando su importancia pero intentando que tenga “voz propia” para que en una futura convocatoria electoral apoye las reivindicaciones y exigencias de la organización que consiga teledirigirla. 


Esto no es una práctica nueva, el PSOE y otras organizaciones de izquierda (especialmente trotskistas como Anticapitalistas, aunque con mucho menos impacto) la han llevado a cabo creando o integrándose en organizaciones sociales, colectivos, sindicatos, etc… para intentar aparentar un apoyo plural y sin fisuras a sus planes y programas. Todo ello dependerá de la capacidad que tengan las organizaciones fundantes de disputar y retomar el control de su monstruo o si quienes ahora ostentan los cargos de Sumar son capaces de aferrarse firmemente a sus asientos, cosa fácil en el corto plazo pero más que cuestionable tras una futurible cita electoral. 


Dicho todo esto, podemos concluir que la izquierda indefinida española a la izquierda del PSOE está absolutamente fragmentada y debilitada, a modo de una serie de reinos de Taifas donde cada dirección política de burócratas vive por y para sí, intentando sobrevivir política y económicamente en sus exiguos feudos. Esto es inferible no solo de la evidente fragmentación, solo resuelta puntualmente en los periodos electorales donde se suben al mismo barco para salvarse a ellas mismas; sino de esa misma falta de unidad. 


No se pretende hacer apología de la unidad de la izquierda en abstracto, puesto que muchas veces es imposible (y hasta indeseable); sino señalar que si no hay unidad entre una serie de proyectos cuyos programas políticos se diferencian básicamente en donde ponen los puntos y las comas está claro que es por una cuestión de egos y chiringuitos. 


Fragmentación que, a su vez, parte de la evidente debilidad de los proyectos políticos de estas izquierdas indefinidas, que son incapaces de ser la única fuerza hegemónica de dicho espacio y eliminar al resto de competidores: cada uno se queda en su feudo, incapaz de conseguir nada por sí mismo, sin capacidad de eliminar al resto (puesto que como vimos con Sumar contra Podemos, se conjuran contra quien pudiera hacerlo) y tampoco terminan por unirse ni por desaparecer. Es tan lamentable que han pasado de “asaltar los cielos” a ver como gran resultado la desaparición del otro mientras yo saque uno o dos representantes.


Resumen: 

Los resultados de las elecciones europeas tuvieron como resultado la dimisión de Yolanda Díaz al frente de Sumar. El rápido ascenso y caída tanto de esta figura como del espacio político denosta el agotamiento de los proyectos políticos de la izquierda indefinida española a la izquierda del PSOE y abre un análisis de las posibles consecuencias de ello en dicho espacio, incapaz de estabilizarse electoralmente y mucho menos socialmente; así como de sus causas.